martes, 23 de agosto de 2011

Sócrates y el Autoconocimiento

Sócrates es el protagonista del primer artículo de la sección dedicada al pensamiento filosófico. El pensador ateniense fue el precursor de grandes axiomas morales que, tras casi 25 siglos, aún perviven entre nosotros. En especial, la celebérrima propuesta socrática, el “conócete a ti mismo”, sentencia que no pasa inadvertida en la Codificación.

Para los filósofos griegos de la antigüedad, la naturaleza del ser humano, el universo que lo rodeaba y la búsqueda y significado de la felicidad, fueron temas centrales en el gran volumen de conocimiento generado durante esa época. Sócrates (470-400 a. C.), era hijo de padre escultor y madre partera. Estaba convencido de que la verdad  se encuentra en el interior de cada hombre. Decía que su oficio se parecía al de su madre: mientras ella ayudaba a las mujeres a que nacieran sus niños, él ayudaba a los hombres para que concibieran verdades.
Nuestro filósofo daba sus enseñanzas conversando con la gente en lugares públicos; ponía en juego la ironía, y fingiendo ignorar, los interrogaba. Estaba convencido de que cualquier persona, bien orientada, podía llegar a conocer la verdad. Por tal motivo hacía preguntas a la gente y dialogaba con ella.
Ese diálogo era el método filosófico al que denominaba mayéutica (término que procede del griego maîa que significa «nodriza, comadrona». Tal como hemos comentado, al igual que su madre era comadrona del cuerpo, él creía ser “comadrona” del Espíritu).
La mayéutica comenzaba por demostrar al interlocutor que no sabía bien aquello que creía saber. En sus conversaciones, en lugar de transmitir una verdad, invitaba y retaba a que indagasen por sí mismos y que, al reflexionar, aprendieran a buscar el camino de la investigacióny de la exactitud. Hizo un esfuerzo por hacer «filosofía de las cosas humanas»: dialogaba sobre la justicia, el amor, la verdad, la belleza, las virtudes o la felicidad, lo que abrió el ámbito filosófico de la antropología y la ética. De todos estos temas quería determinar cuál era su esencia, en qué consistían, cómo se podían definir, qué había de  ermanente y universal en los asuntos humanos. Su único compromiso era con la verdad, encontrar la verdad de las cosas.
Su preocupación era la forformación forrmación moral del ciudadano. Su misión fue servir de conciencia a la ciudad de Atenas para descubrir sus vicios e incitarla a la virtud. Sócrates propuso que el ser humano alcanzara la verdad mediante el autoconocimiento -conócete a ti mismo-, y el desarrollo continuo de su intelecto -sólo sé que nada sé-. La más conocida frase de este filósofo : "Conócete a ti mismo", escrita en el Oráculo de Delfos, resume su pensamiento, el cual podría entenderse así: “al entregarse al conocimiento de uno mismo, podremos entonces conocer la naturaleza o el origen de la virtud y el vicio (nuestras capacidades y limitaciones)”.
Así también, este ejercicio de autoconocimiento es un camino muy apropiado para lograr la fuerza del carácter, el autodominio y la caridad hacia el prójimo. Esa es la única forma de experimentar una existencia realmente auténtica, de lo contrario, el hombre puede ser un extraño para sí mismo y vivir desconectado de sus propios deseos, sin hacer frente a sus miedos y sin escuchar sus emociones.
Para conocerse a uno mismo es necesario parar y descansar de las actividades cotidianas, caracterizadas por las prisas y la impaciencia. El silencio y el diálogo interior es el mejor modo de conectar con la verdadera esencia, aquella que puede responder a la pregunta: ¿quiéneres?
También Sócrates afirmó: Sólo sé que no sé nada”, y su afirmación pasó a la historia de la filosofía como una de las mayores verdades jamás descubiertas. Quiere expresar el reconocimiento de la propia ignorancia para así adquirir nuevos conocimientos. Está relacionada con el primer paso de su método, la ironía. Reconocer que no se sabe es el primer paso hacia el conocimiento. La ignorancia nos lleva al fracaso, por lo que a través del conocimiento y de la inteligencia alcanzaremos la virtud. Pero esa inteligencia hay que desarrollarla estimulando nuestro deseo por aprender de todas las experiencias. Sólo así lograremos programar nuestra mente con el conocimiento y la razón que nos permita cada vez ser mejores seres humanos. Esa voz interior constituirá la única guía moral del individuo.  
Cuando el Jurado de Atenas le condenó a muerte, su mujer corrió afligida hacia la prisión, gritándole “Sócrates, los jueces te condenaron a la muerte”. El filósofo respondió tranquilamente: “Ellos también están condenados”. La mujer insistió en su desespero: “Pero es una sentencia injusta”, y él le preguntó: “¿Preferirías que fuese justa?”. Crito, uno de sus discípulos, le propone la idea de huir, pero Sócrates le comenta:“Estas paredes no me retienen, donde vaya mi pensamiento allí iré yo.
Encarcelados están aquellos que en las calles vagan libres pero viciados, cargan los fardos morales de las bajas pasiones porque donde van, llevan sus problemas. Yo soy libre, mi pensamiento vuela y yo voy con él. Todos nacemos condenados a morir, desde que nacemos ya lo estamos. No moriré. Yo viviré, Crito, dejaré sólo la ropa. Yo viviré “.El filósofo afirma que es acusado por renunciar a una vida tranquila y por rechazar lo que la mayor parte de los hombres desean por encima de todas las cosas: fortuna, intereses privados, mandos militares, éxitos tribunicios, magistraturas, formar parte de coaliciones políticas; por preferir persuadir a la gente de que se ocupen menos de sus pertenencias con el objeto de volverlos mejores y tan razonables como fuese posible; por haber pensado menos en las cosas de la ciudad que en la ciudad misma, y por entregarse por entero a la consecución de estos principios.
Reflexiona que si la muerte se trata de un tránsito del alma de este mundo a otro, será para él una alegría, porque se encontrará con las demás almas de los muertos, y con los verdaderos jueces que impartirán la verdadera justicia. Aporta confianza a los jueces que votaron a su favor para que no teman la muerte, sino que sepan que a un hombre de bien no puede sucederle nada malo ni en esta vida ni después de la muerte, pues los dioses nunca se olvidan de sus problemas.
Sócrates se atribuye a sí mismo un daimon propio o genio, al que deja a que le orientara. Lo llama «voz profética dentro de mí, proveniente de un poder superior», o también «señal de Dios». Ese Espíritu divino en el pensamiento de Sócrates interviene hasta en los asuntos menos importantes, y le sugiere lo que se debe hacer en un momento determinado. Revela a los miembros que le absolvieron, que ese espíritu divino se comporta de una forma muy extraña, al no haberle disuadido en ningún momento, debido a que él se siente convencido de que muriendo se librará de las tribulaciones de la vida. También piensa que no le ha contenido esa señal divina porque, según él, su conducta ha sido correcta en todo momento y va a sucederle algo bueno.
En el momento final, después de beber la cicuta, le preguntaron: “¿dónde quieres que te sepultemos?, ¿en la plaza del mercado, en la necrópolis, en la calle principal, dónde? Él vuelve como de un estado de meditación y dice: “El cuerpo dejadlo fuera, en cualquier lugar. Sócrates ya no estará dentro de él”. La serenidad de Sócrates era producto de un proceso educacional: la Educación para la muerte. Es curioso señalar que en los tiempos en que vivimos nos preocupamos más de la Educación para la Vida. Nos olvidamos de que vivimos para morir. La muerte es nuestro fin inevitable a nivel carnal en la existencia presente, pero no debemos olvidar que realmente es el principio, al que llegamos generalmente sin la menor preparación. “Lo verdaderamente difícil no es escapar a la muerte, sino escaparse de obrar mal”.  Todas las ideas importantes y fundamentales tienen su prehistoria; los grandes movimientos de la humanidad han tenido sus precursores y sus antecedentes históricos.
La doctrina Espírita no podía ser la excepción y como lo expresó Allan Kardec en su obra introductoria El Espiritismo, en su más simple expresión: “El Espiritismo no es un descubrimiento moderno, los hechos y principios sobre los cuales reposa se pierden en la noche de los tiempos, pues se encuentran vestigios de ellos en las creencias de todos los pueblos, en todas las religiones, en la mayoría de todos los escritos  agrados y profanos”. La máxima que había sido predicada por Sócrates fue adoptada posteriormente por San Agustín para responder a la pregunta 919 de El Libro de los Espíritus: ¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorarse en la presente existencia y resistir las instigaciones del mal?
La respuesta fue concisa y elocuente: Un sabio de la antigüedad os lo dijo: “Conócete a ti mismo”. Es decir, conocerse en profundidad, saber quienes somos, cuáles son nuestros compromisos con nosotros mismos y con la sociedad. Inicia el Maestro Jesús la práctica del autoanálisis cuando ante la mujer que fue sorprendida en adulterio y condenada por las leyes mosaicas, Él con su justicia y amor solicitó a la multitud que “el que esté libre de pecado, tire la primera piedra“. El hombre necesita estudiarse para adquirir mayor conocimiento sobre sus emociones, sus sentimientos, su psiquis, y sobre cómo realizar las transformaciones necesarias en su vida. “El conocimiento de sí es la clave del mejoramiento individual y del perfeccionamiento moral de la humanidad”.
En El Evangelio según el Espiritismo en la introducción, punto IV, Kardec aborda el tema «Sócrates y Platón, precursores de la Idea Cristiana y del Espiritismo», y resume en catorce puntos la doctrina de estos dos filósofos griegos sobre el tema del espíritu, su naturaleza, sus estados, sus condiciones y sus relaciones con el cuerpo físico y con el mundo material. Haciendo un intento por resumir estas enseñanzas, seleccionadas y consignaadas por el Codificador en la obra mencionada, encontramos que Sócrates
y Platón presintieron la idea cristina y en su doctrina se encuentran igualmente los principios fundamentales del Espiritismo: Sócrates enunciaba claramente que el hombre es un alma encarnada, que existía antes de su encarnación unida a tipos primordiales. Dice que la reencarnación en un cuerpo material es consecuencia de la impureza del alma, mientras que las almas purificadas están exentas de hacerlo. Se preocupaba del cuidado constante del alma, no sólo por esta vida que dura un instante, sino por la eternidad. Si el alma es inmortal, debe pasar a un mundo inmaterial, del mismo modo que el cuerpo se descompone y vuelve a la materia.
Sócrates y Platón comprendían perfectamente los diferentes grados de desmaterialización del alma, e insistían en la diferencia de situación que resulta para ella de su mayor o menor pureza. Lo que ellos decían por intuición, el Espiritismo lo prueba con numerosos ejemplos relatados en el libro El Cielo y el Infierno de la Codificación. Por otra parte, según Sócrates, los hombres que han vivido en la Tierra, se vuelven a encontrar después de la muerte y se reconocen. Si Sócrates y Platón hubiesen conocido las enseñanzas que Jesús ofreció 500 años después y las que dan los Espíritus, hubieran dicho lo mismo, ya que las grandes verdades son eternas, y los Espíritus adelantados debieron conocerlas antes de venir a la Tierra, donde las trajeron.
Sócrates destacaba que nunca debe devolverse injusticia por injusticia, ni hacer mal por el mal que nos hacen. “Que por el fruto se conoce al árbol”; que la riqueza es un peligro, que todo aquel que ama la riqueza no se ama a sí mismo; que los verdaderamente justos y prudentes, y aquellos que por sus palabras y sus actos cumplen con lo que deben, agradan a la Divinidad más que los que oran con los labios y nada sienten en su corazón; que el amor es el que adorna la naturaleza con sus ricos tapices y pasa y fija su mirada en donde encuentra flores y perfumes.
También dijo que la virtud no puede enseñarse; viene como un don de Dios a los que la poseen, cosa que con poca diferencia es la doctrina cristiana sobre la gracia; pero si la virtud es un don de Dios, es un favor y puede preguntarse por qué no se concede a todos; por otra parte, si es un don, no tiene mérito para el que la posee. El Espiritismo nos dice que el que posee la virtud, la ha adquirido por sus esfuerzos en sus existencias sucesivas, despojándose poco a poco de las imperfecciones. La gracia es la fuerza con que Dios favorece a todo hombre de buena voluntad para despojarse del mal y hacer el bien.  Sócrates decía que hay una disposición en el hombre en ver los defectos en los ajenos, y no verlos en si mismo, y el Evangelio dice: “Veis la paja en el ojo ajeno y no veis la viga que hay en el vuestro”. Decía también que los médicos fracasan en la mayor parte de las enfermedades “porque tratan al cuerpo sin el alma”.
El Espiritismo dice que hay una reacción continua entre uno y otro. Que la verdadera sabiduría está en no creer saber lo que no se sabe. Dirigiéndose a aquellos que criticaban aquello de lo que a menudo no tenían idea, Platón completa este pensamiento de Sócrates diciendo: hay que procurar instruirse antes que injuriar, así es como deben obrar los espíritas con respecto a sus contradictores de buena o de mala fe. Si Platón viviese en esta época se encontraría las cosas poco más o menos como en su tiempo y podría usar el mismo lenguaje Sócrates encontraría también quien se burlase de su creencia en los Espíritus y le tratase de loco, lo mismo que a su discípulo Platón.
En la obra introductoria mencionada, Kardec agrega «La doctrina misma que los Espíritus enseñan hoy, nada tiene de nueva; se la encuentra de manera fragmentaria en la mayoría de los filósofos de la India, de Egipto y de Grecia y toda entera en la enseñanza de Cristo ». Estas afirmaciones nos indican que el Codificador era poseedor de una gran cultura histórica y que realizó una extensa y exhaustiva investigación bibliográfica en la búsqueda de los antecedentes históricos de los principios que conforman hoy la Doctrina Espírita. En El libro de los Médiums, Cap. XVI, Pregunta 197, hay dos textos muy interesantes sobre los Buenos Médiums, firmados por Sócrates. En El Consolador que prometió Jesús, dictado por el Espíritu Emmanuel y psicografiado por Chico Xavier, se cita de nuevo a Sócrates, en la pregunta 278: ¿Debemos considerar profetas sólo a aquellos a quienes alinden las páginas del Antiguo Testamento? Además de las enseñanzas que nos legaron un Elías o un Jeremías, tenemos que convenir en que numerosos misioneros del plano superior precedieron al advenimiento de Cristo, distribuyendo por el mundo el pan espiritual de sus verdades eternas. Sócrates, y luego su discípulo Platón, proclamaron el dogma de la unidad de Dios, de la inmortalidad del alma y de la vida futura.
Sócrates, al igual que Jesús, no escribió, ni dejo ningún escrito; murió como los criminales, víctima del fanatismo, por atacar las creencias vulgares y por sobreponer la virtud real a la hipocresía y a las formas externas; Jesús fue acusado por los fariseos de corromper al pueblo con sus enseñanzas, Sócrates también fue acusado por los fariseos de su tiempo, de corromper a la juventud, proclamando la unidad de Dios, la inmortalidad del alma y la vida futura. Al igual que conocemos la Doctrina de Jesús a través de los escritos de sus discípulos, los Apóstoles; la de Sócrates la conocemos por los escritos de su discípulo Platón. Somos la máxima autoexpresión de Dios, dotados de su sabiduría, amor, vida, provisión, alegría y armonía infinita. Estas virtudes las podemos manifestar y concretar en nuestra vida diariamediante el adecuado uso y dominio de nuestra mente consciente y subconsciente.
Trabajemos en nosotros mismos y transmutemos todo el material innoble que encontremos dentro de nosotros, transformándolo con la luz del Perdón, con la luz del Amor, transformándolo en oro inmaterial y no nos sorprendamos si nuestra vida material se convierte en “oro puro”, pues todo viene de nuestra verdadera Patria que es la Espiritual y quien desde la Espiritualidad, sabe trabajar, lo verá manifestado en el plano material. Dios quiere para nosotros la felicidad, el bienestar, la salud, y para ello ha puesto a nuestro alcance la Ley del Libre Albedrío, que nos permite hacer y crear el mundo que nosotros seamos capaces de soñar. Por este motivo, seamos nosotros mismos, libres de todas ataduras materiales y volemos hacia la Felicidad con la sabiduría del Autoconocimiento.

“Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento”.
(Sócrates)

 Autora: Taina, CEADS (Centro Espírita Amalia Domingo Soler de Barcelona)
 Fuente: Revista Visió Espírita/ Ceads.

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